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Cobra Silenciadores
  • El origen de los detectives privados: El verdadero Jean Valjean, Eugène François Vidocq


    Eugène François Vidocq (1775-1857) Esgrimista, ladrón, escapista, ayudante de circo, soldado, pirata, soplón, ganadero, policía, criminólogo, escritor, policía, empresario y mujeriego, inspiración de cuatro grandes escritores…un hombre que vivió más aventuras que vidas…le vautrín.

    Introducción al tema.
    La figura del detective privado conforma un arquetipo complejo y rico matizado en tonos monocromáticos indescifrables, se ubica en la cultura popular como un ser que transita entre lo legal y lo ilegal a menudo excediendo su indefinida esfera de competencia, haciendo uso de la fuerza, rompiendo las reglas. No es un policía, no está sujeto a las mismas restricciones, no está tentado por el dinero, es más que eso, busca la verdad.

    El detective privado que conocemos hoy en día, él que hace brillantes deducciones a partir de mínimos detalles que escapan al ojo común, tiene sus orígenes en un obscuro y célebre personaje del siglo XVIII que inspiró a destacados escritores como Honoré de Balzac, Víctor Hugo, Edgar Allan Poe, Arthur Connan Doyle y Agatha Christie, su nombre es Eugène François Vidocq. Vidocq nació el 23 o 24 de Julio de 1775, era el tercer hijo de Joseph y Henriette, una familia acomodada de Arrás, capital del departamento de Pas-de-Calais, en el noreste de Francia. Sus primeros años debieron haber sido bastante ordinarios en la pequeña ciudad sin embargo su adolescencia marcaría el inicio de un viaje fascinante entre la ilegalidad y la grandeza.

    Intempestiva juventud.
    La adolescencia de Eugène transcurrió en un periodo turbulento en la historia, tenía 14 años cuando la revolución barrió con todo a su paso y contrario al imaginario popular, no hay nada de romántico en el coletazo que produce un cambio social de tal índole. Eugène era apodado “Le Vautrín”, una suerte de cerdo salvaje o Boar; tenía la reputación de ser un excelente espadachín, temerario, pendenciero y astuto, aunque bastante flojo.

    Pasaba gran parte de su tiempo en las armerías o salones de guerra practicando su esgrima. Gustaba de los placeres del vino y las mujeres, hábitos costosos para un adolescente, pero que financiaba con pequeños robos a familiares y conocidos. A los trece Eugène robó la vajilla de plata de su madre y se fue de juerga un día entero, algunos días más tarde fue arrestado y enviado a “les Baudets” (prisión) por un par de semanas, había sido su padre quien lo habría mandado arrestar en un esfuerzo por “domar al muchacho”, sin embargo “el susto” no surtió el efecto deseado.

    Un año más tarde Eugène tomó unos dos mil francos producto del negocio de sus padres, una panadería, y huyó a Ostende¹ con la intención de hacerse a la mar y viajar a América, pero perdió el dinero unos días después, lo que lo obligó a trabajar para un circo itinerante. En esta época Vidocq realizó distintos oficios, propios de la vida del circo, hasta que después de algunos meses se encontró “coqueteando” con la joven esposa de su patrón, lo que le ganó una última paliza y la salida del circo.

    Se unió a una caravana de mercaderes ambulantes y por algunos meses fue ayudante de un mercader cuyo nombre se pierde en la historia. Cuando la caravana se encontró lo suficientemente cerca de Arrás, Eugène dejó al grupo y regresó a casa, su madre perdonó todas sus faltas a pesar de la reticencia de su padre. Meses más tarde Eugène se enlistó en el regimiento Bourbon, cabe recordar que la revolución había dejado las fronteras francesas débiles por lo que cualquiera que ingresará al ejército sabía que más pronto que tarde vería acción en batalla.

    En Marzo de 1791 Eugène se enlistó en el ejército, tenía una consumada reputación como esgrimista que pronto tendría que demostrar. Era un soldado insubordinado y mediocre que causaba problemas, en los primeros seis meses de pertenecer al regimiento se batió a duelo en 15 ocasiones, la mayoría por nimiedades, y aunque ganó en cada enfrentamiento y hasta mató a dos personas, curiosamente nunca fue juzgado por ello.

    Cada que Eugène se metía en problemas tenía que ver con mujeres, vino u honor, para él esos eran los temas importantes, lo demás eran tonterías. En una ocasión pasó un par de semanas en la prisión del regimiento, probablemente por insubordinación, él no perdió el tiempo, ayudó a un interno a fugarse² en ese tiempo, el caso no tuvo, sin embargo, mayor consecuencia pero revelaría una de las facetas más curiosas del personaje, su sentido de justicia. Vidocq era en esencia un hombre profundamente conmovido por la desgracia ajena y acciones como ésta lo demostrarán más adelante.

    Un paréntesis…
    En 1791 la revolución francesa estaba en el periodo de reorganización, los aristócratas franceses que huyeron por astucia o azar coqueteaban con sus contrapartes austriacas y prusianas, Luis XVI era separado de su familia y su suerte se debatía en el congreso, su esposa María Antonieta hermana del Emperador Austriaco compartiría la suerte de su marido, la guerra era sólo cuestión de tiempo.

    En abril de 1792 ante un congreso dividido se decidió marchar en contra de Austria, se había elegido iniciar la campaña en los países bajos, que tenían varios años bajo el gobierno austriaco, se pensaba que sería una campaña corta que demostraría a los vecinos de Francia que el país estaba organizado y era aún una potencia, sin embargo, la campaña fue un desastre, la deserción masiva de soldados, la mala organización y la falta de decisión convirtieron una campaña corta en una guerra que se prolongaría hasta 1802.

    Quizá uno de los factores que prolongó la guerra aún más fue la votación del congreso francés de diciembre de 1791 cuando se decidía la suerte del rey por 362 votos a favor, 288 en contra y 72 abstenciones y Luis XVI era condenado a muerte por la revolución, fue ejecutado el 21 de enero de 1793 consumando el temor más grande de los monarcas europeos, el levantamiento de su pueblo en su contra.


    Uno de los retratos más conocidos del célebre Monsieur Vidocq (1820´s)

    De vuelta con Eugène François Vidocq.
    En abril de 1792 François Vidocq participó en las primeras batallas, demostró su arrojo y después de la batalla de Valmy y fue promovido a Cabo. Durante la ceremonia Vidocq fue objeto de una burla de un joven oficial, una afrenta que no dejaría pasar y lo retó a duelo ahí mismo, en frente de la concurrencia en plena ceremonia pública. El oficial al mando, un Sargento Mayor los reprendió y Vidocq lo golpeó en consecuencia.

    Golpear a un superior era considerado traición y castigado con la muerte, después de todo la insubordinación es cosa seria en tiempo de guerra, sin embargo el Sargento Mayor no reportó el incidente, se limitó a expulsar a François Vidocq de su unidad y nada más. Vidocq fue transferido al 11vo cuerpo de “Chasseurs à pied” (infantería ligera) donde pelearía en Jemappes bajo las órdenes del general Dumouriez. Algunos meses después se integró a la escolta del general, lo que lo puso más cerca de la acción de lo que le convenía.

    El General Dumouriez junto con otros generales habían fraguado un fallido golpe de estado, Vidocq, de sólo 18 años, formaba parte de la escolta, más no del plan, aunque de igual modo acabó siguiendo a su general a un campamento de avanzada enemigo. Semanas más tarde volvería a su regimiento donde sería acusado de traición, se conducía con el nombre de Jean Rousseau (debido a lo ocurrido en el regimiento Bourboun meses antes), habría sido colgado de no ser por la oportuna intervención de un capitán de la “Chasseurs à pied”.

    Vidocq permaneció en su regimiento unos meses más hasta que fue expulsado debido a sus “pobres aptitudes de soldado”. La verdad es que el incidente con el general Dumouriez y su súbita aparición en el regimiento eran muy “sospechosas”, no sentaba bien la idea de matarlo, debido a la intervención de un oficial, pero era muy difícil confiar en él. En agosto de 1793 regresó a Arrás.

    En Arrás volvió a sus viejos hábitos, mujeres, vino y robar. Adquirió una reputación de mujeriego, a menudo con mujeres en relaciones “serias” lo cual lo llevó a batirse en duelo a menudo. En Enero de 1794 terminó en la prisión de “baudets”, sería liberado un año más tarde. En agosto contrajo matrimonio con Marie Louise Chevalier, ambos tenían 19 años de edad, según Vidocq el único motivo por el que accedió a casarse es que Marie Louise estaba embarazada, más tarde descubriría que ella sólo había fingido estar embarazada. El matrimonio fue un desastre desde el inicio, Marie Louise buscaba una vida que Vidoqc no podía darle y recorría la ciudad con cascos ligeros, unos meses más tarde se encontraría en un amorío con Pierre Laurent Vallain, un empleado público en acenso, y dejaría a Vidocq, quien su parte no había sido ningún santo y habría tenido múltiples amoríos también.

    En el otoño de 1794 Vidocq volvió al ejército, habría usado un alias en esta ocasión, pero su tiempo había pasado y después de unas semanas desertó nuevamente. En octubre se encontró en Bruselas, el escondite de ladrones de toda clase y todas nacionalidades y afiliaciones. Se habría convertido en Monsier Rousseau de Lille. Sobrevivió gracias a su talento con la espada y sus habilidades como ladrón y estafador.

    Sus habilidades, así como su carisma le ganaron la invitación a les armée roulante (ejército flotante), un grupo de oficiales sin regimiento ni comisión que se dedicaban a robar y vender pertrechos y favores dentro y fuera del campo de batalla además de extorsionar y matar. Al inicio se ostentaba como teniente, pero más tarde se auto-promovió a capitán de húsares. Así Vidocq conoció a una joven y rica viuda en Bruselas a la que le propuso matrimonio, aún estaba casado en Francia, pero no era un obstáculo insalvable, su nombre, cargo, rango y uniforme eran falsos, una mentira más era lo de menos.

    Vidocq convenció a la viuda de casarse con él, sus colegas y él le habrían hecho creer a la joven que Monsier Rousseau venía de una rica familia aristocrática francesa, durante algunos meses Vidocq obtuvo dinero para realizar los preparativos de la boda, así como una especie de “dote”, poco antes de la boda Vidocq le confesó a la joven todo pero igual huyó a Francia con el dinero.

    En marzo de 1795 Vidocq se mudó a París. Al cabo de unas semanas perdió todo el dinero en mujeres y lujos que no podía pagar. Cuando finalmente se quedó sin dinero se unió a una caravana de gitanos bohemios con quienes vivió algunos meses, los dejó para seguir a una mujer de la que se había enamorado Francine Longuet, él estaba genuinamente enamorado de ella, fue una lástima que la encontrara en los brazos de un soldado semanas más tarde. En esta ocasión la rabia se había apoderado de él y la consecuencia fue una severa golpiza al joven soldado y, presuntamente, a Francine.


    Prisión de Brest, fue construida entre 1749 y 1751 por Antoine Choquet de Lindu en un puesto militar que a la postre dio origen a un pequeño pueblo de 5000 habitantes. Era una prisión “suave” para la época, con poca densidad poblacional (300 internos máximo) aunque tenía espacio para una mayor población carcelaria. Fue des comisionada a mediados de 1800´s.

    Prisión por amor y traición…
    François Vidocq terminó en prisión después de un breve juicio, fue condenado a tres meses en Tour Saint-Pierre en Lille. Vidocq se adaptó con escalofriante rapidez a la vida en prisión, tenía veinte años, pero la astucia y experiencia de un hombre mayor. Se hizo amigo de un grupo que estaba condenado a varios años por robo, entre ellos Sebastian Boitel, condenado a seis años por un robo violento.

    Días después de la llegada de Vidocq a Tour Saint-Pierre Sebastian Boitel recibió un perdón y fue puesto en libertad, la carta era una falsificación presuntamente hecha por Vidocq. El asunto sería de cierta gravedad, un par de rufianes Grouard y Herbaux afirmaron que Vidocq había redactado el perdón apócrifo, él por su parte siempre negaría tal afirmación. En la Francia del siglo XVIII la palabra incriminatoria de un hombre era prueba suficiente para encarcelar a otro, ergo, Vidocq no fue liberado después de haber transcurrido sus tres meses en prisión, en cambio, estaba esperando juicio por la falsificación de un perdón oficial.

    Eugène fue visitado en aquellos días por Francine, entre ambos planearon un sencillo pero efectivo escape de prisión que resultó en la reaprehensión de Vidocq días después de la fuga. Semanas más tarde lo habrían de intentar de nuevo. El segundo escape es, quizá, el más controversial, Vidocq huyo con éxito de la prisión y se encontró, nuevamente, frecuentando tugurios en los barrios más insalubres de la ciudad, habría eludido tan eficazmente ser detectado que la misma Francine tuvo problemas para dar con él. Cuando Francine, finalmente, lo encontró él estaba en la cama de otra mujer.

    Días más tarde fue recapturado y Francine fue encontrada con múltiples puñaladas en el vientre, Eugène era el único sospechoso. Él negó haber tenido participación en el ataque a Francine pero no había como convencer a sus captores, sin embargo Francine no estaba muerta, aún, estaba gravemente herida e inconsciente, debieron haber sido los cuatro días más angustiantes de la vida de Eugène F. Vidocq, que no tenía a dónde huir, nadie a quien recurrir y de haber sido encontrado culpable sería, irremediablemente, ejecutado por ahorcamiento.

    Francine volvió en sí, días después y confesó que sus heridas habían sido auto-infligidas, también confesó su participación en los escapes de Vidocq y fue sentenciada a seis meses en prisión, no volverían a verse nunca más.

    El juicio por falsificación se retrasó casi un año hasta que en diciembre de 1796 fue sentenciado a ocho años de trabajos forzados en la infame prisión de Douai. Era una sentencia de muerte, si los maltratos de sus captores no lo mataban el agotamiento de trabajar al rayo del sol lo haría, sin mencionar las enfermedades y las condiciones insalubres de una prisión en el siglo XVIII. Eugène François Vidocq demostraría estar hecho de esa sustancia que hace a los hombres resilientes, incluso ante las peores condiciones. Su primer intento de fuga ocurriría apenas unas semanas después de llegar a Douai, fracasaría y le costaría ocho días en la mazmorra.

    Con el paso de las semanas Vidocq conoció a otro interno que se ostentaba como experto en “savate”, una forma de arte marcial endémico, Vidocq estudió con el hombre, a pesar del agotamiento de los trabajos forzados, sabía que le sería útil en algún momento, no se equivocaba.

    Según los rumores algunos prisioneros serían transferidos a Bagne, una prisión menos espantosa en Brest, así que Vidocq hizo todo cuanto pudo para estar en el grupo que sería transferido, su plan era simple, escapar en camino a la prisión. Meses más tarde Vidocq se encontró en el grupo que sería transferido, había mantenido una conducta ejemplar hasta que el grupo se puso en marcha, en el camino hizo uso de sus recién adquiridas habilidades en “savate” y logró huir de sus captores. En el transcurso de los siguientes días logró hacerse de las ropas de un marinero, estaba desnutrido y se veía enfermo pero era libre o al menos eso pensaba.

    Los últimos días de Febrero de 1798, casi un mes después de su fuga, fue detenido por vagancia, se identificó como Auguste Duval y en su pobre condición era casi imposible que lo reconocieran. Los oficiales lo internaron en un hospital local mientras verificaban su identidad. En aquellos días cualquier viajero “honesto” tenía papeles que acreditaran su dicho o era detenido por la simple sospecha. Después de un par de días en el hospital Vidocq escapó disfrazado con los hábitos de una monja, lo que tuvo que hacer para obtenerlos es digno de especulación.

    Se encaminó a Cholet (a unos 50 km de Nantes, noroeste de Francia) dónde trabajó como ganadero algunos meses. Este trabajo le permitía viajar con libertad por todo el norte de Francia, pasar por su natal Arrás, Paris y tan lejos como Rotterdam, dónde finalmente fue secuestrado³ por piratas holandeses y obligado a trabajar en altamar. Su carrera como pirata sería breve, el barco en el que se encontraba fue detenido y él, junto con la tripulación serían transportados a Douai donde a pesar de sus alias sería identificado como Eugène François Vidocq.

    En un giro trágico y al mismo tiempo cómico, Vidocq se encontró de vuelta en el mismo lugar del que había escapado casi un año antes, era obvio que Vidocq intentaría escapar, así que sus captores tomaron las precauciones necesarias. Eugène pasaría casi diez años en Douai, no intentaría escapar en este tiempo. Finalmente se le transfirió a Toulon en agosto de 1799. Ya en la nueva prisión Vidocq intentó un audaz escape pero fracasó. Más tarde en marzo de 1790 lo intentó de nuevo, esta vez ayudado por una prostituta con la que había tenido amoríos logró escapar.

    A principios de 1800 Vidocq volvió a Arrás, su padre había muerto el año anterior, su madre, ahora una mujer mayor lo recibió, una vez más, con los brazos abiertos. Según Eugène François Vidocq permaneció oculto dentro de la casa de su madre durante el resto del año hasta que alguien lo reconoció y se vio obligado a huir. Cambio de nombre por enésima ocasión, esta vez haciéndose pasar por un empresario austriaco, así hizo su camino hasta Rouen dónde se estableció con una viuda, un año más tarde mandó traer a su madre para que viviera con él y la viuda.

    Pero en 1803 fue arrestado, alguien lo había reconocido y dado aviso a la policía. Fue llevado a Louvres un poblado al norte de Francia donde le comunicaron que había sido sentenciado a muerte “in absentia” (por ausencia), Vidocq apeló su sentencia y pasó los siguientes dos años en prisión o en la corte, en un momento de descuido saltó por la ventana de una oficina, su caso estaba perdido, él lo sabía y él quería seguir. Pasó los siguientes cuatro años huyendo, trabajando cuando podía y haciendo lo que sabía hacer, robar, mentir y pelear.


    La Guillotina, el símbolo incuestionable de la revolución francesa no fue inventado por el Dr. Guillotin, un mediocre dentista y político, como comúnmente se cree. El aparato fue inventado a mediados del siglo XII en Inglaterra pero habría caído en desuso debido a su naturaleza “gentil” frente a los criminales. Para la época de la revolución francesa (1789) no había duda que era necesario “eliminar” a los opositores, pero quedaba la duda respecto al método, ahí es dónde el Dr. Guillotin propuso el uso del aparato que llevaría su nombre y más tarde sería apodada “la cuchilla nacional”.

    De vuelta a la ciudad de las luces.
    En Julio de 1809 fue detenido cerca de París, no es claro si fue identificado de inmediato o no, sin embargo se le vincula con la muerte de un reo días después de su llegada a prisión. Eugène François Vidocq, había visto la ejecución de Herbaux meses antes, en sus memorias hace una breve pero poderosa reflexión al respecto. Quizá Vidocq estaba cansado de huir, tenía 34 años y había pasado los últimos veinte dentro y fuera de prisión, acosado por la ley y codeándose con malvivientes en varios países, quizá en realidad no mató a aquel hombre, es incierto, pero François Vidocq ofreció sus servicios como espía de la policía dentro de la prisión.

    “…creo que me volveré un espía perpetuo, hasta el momento nadie sospechaba de mi acuerdo con agentes de la autoridad. Incluso los custodios y guardias desconocían la misión que me había sido encomendada. Adorado por ladrones, estimado por la mayoría de los bandidos (porque aún estos malhechores guardan un sentimiento de estima), yo podía depender de su devoción por mí…”.* —Eugène François Vidocq.

    Nunca han sido claros los motivos del jefe de policía Jean Henry, quien aceptó los servicios de Vidocq como espía, es incierto si durante los 21 meses que Vidocq fungió como informante hubieron promesas de libertad o amnistía, pero la habilidad de Vidocq para detectar a un delincuente era evidente, además de que su memoria casi fotográfica y su talento natural como fisonomista lo hacían un agente potencial.

    La criminología no existía a principios del siglo XIX, ni Lombroso, ni Garofalo, ni Ferri habían nacido, la fotografía no se inventaría hasta 40 años después, el mayor avance en el reconocimiento de un delincuente era una práctica “poco ortodoxa” inglesa de “branding” o “marcado” con hierro caliente o tatuaje en el cuerpo del delincuente, sin embargo identificar a un “sospechoso” sin marcas era cuestión de talento.

    Vidocq demostró sus habilidades cuando visitó a Jean Henry en su oficina y reconoció a un par de sospechosos como delincuentes para después idear una astuta estratagema para hacerlos caer en una trampa. Henry y Vidocq desarrollaron una relación simbiótica que llevaría a la creación de la Brigade de la Sûreté o brigada de seguridad, el primer cuerpo policíaco en la historia en vestir de civil, Vidocq, por supuesto, fue nombrado su líder en Noviembre de 1811.


    Grabado de Gustave Brion (1863) para la novela Les Misérables de Victor Hugo. La imagen muestra la figura de un hombre serio, agente de la ley, severo y adusto caballero, el personaje del inspector Javert moldeado a partir de Vidocq.

    De ladrón a policía.
    Durante los primeros meses de 1812 la brigada de seguridad demostró su efectividad, Vidocq había contratado los servicios de ex presidiarios como él y les había dado una segunda oportunidad, en un principio los once “agentes” de Vidocq se limitaban a recabar evidencias y contribuir a los procesos de los acusados, pero cuando la brigada hubo desmantelado los más peligrosos grupos criminales en Paris Vidocq pensó en un plan de prevención del delito, que lo coloca ipso facto como el padre de la criminología.**

    El 17 de diciembre de 1813 el mismo Napoleón Bonaparte firmó el decreto por el cual se asimilaba a la brigada de seguridad como parte de la prefectura de policía, se le llamaría Sûreté National. Los agente de Vidocq eran personalmente entrenados por él, les enseñaba a pasar desapercibidos y a ocultarse entre las multitudes y actuar sólo en caso necesario.

    La Sûreté fue tan eficiente que logró reducir la tasa criminal en 40% en París en sus primeros ocho años de funcionamiento, fue el primer cuerpo policía dedicado a la investigación y el primero en emplear criminalística de campo en sus investigaciones. Scotland Yard, el FBI, la FSB y demás agencias adoptaron el modelo francés como la base de sus propias instituciones.

    Vidocq gozaría de la protección de Jean Henry y su oficina durante los siguientes 12 años hasta que Henry se retiró de la policía (1825). Guy Delavau, un joven ultraderechista-conservador-religioso había subido a través de los rangos hasta convertirse en el sucesor de Henry nunca pudo conciliar el pasado de Vidocq con su encargo así que después de meses de hacerle la vida imposible lo invitó a dimitir, Vidocq le escribiría:

    “…Depuis dix-huit ans, je sers la police avec distinction. Je n'ai jamais reçu un seul reproche de vos prédécesseurs. Je dois donc penser n'en avoir pas mérité. Depuis votre nomination à la deuxième division, voilà la deuxième fois que vous me faites l'honneur de m'en adresser en vous plaignant des agents. Suis-je le maître de les contenir hors du bureau? Non. Pour vous éviter, monsieur, la peine de m'en adresser de semblables à l'avenir, et à moi le désagrément de les recevoir, j'ai l'honneur de vous prier de vouloir bien recevoir ma démission…”.***

    Vidocq era un hombre rico para entonces, había ajustado los 52 años y después de escribir sus memorias (1826) era, por derecho propio, una celebridad. Se mudó a Saint-Mandé después de contraer matrimonio con su prima. Fundó una pequeña fábrica de papel donde, fiel a su sentido de justicia social, contrató ex presidiarios, hombres y mujeres perdidos con pasados turbios. Si bien ahora el gesto sería considerado altruista, en la Francia del siglo XIX era inconcebible.

    La indignación no tardó y cualquier prospecto de comprador reculaba al conocer el tipo de mano de obra que empleaba Vidocq. Su papel se vendía en una fracción de su costo, lo que lo llevó a la ruina en 1831. El argumento es que “trabajadores inferiores” habían hecho el trabajo y por lo tanto la calidad era menor, era absurdo, sin embargo la gente en Francia no creía en segundas oportunidades.

    En Julio de 1830 después de semanas de tensiones entre republicanos y monárquicos en París se produjo el choque que le costó el poder a Charles X. Había barricadas en las calles de París y el ejército disparaba a mansalva contra sus propios ciudadanos. Sonaba entre rincones oscuros el nombre de Luis Felipe, un joven aristócrata más bien liberal, para ocupar el trono de Francia. En medio del caos Delavau se vio obligado a renunciar ante la creciente ola delincuencial.

    Vidocq visitó París en los primeros meses de 1831, el rey de los franceses**** se había coronado y París se reorganizaba. Días antes sucedieron los célebres robos en Fontainebleau, Henry Guisquet, el nuevo prefecto de policía buscó a Vidocq para consultar el asunto. Sus observaciones conducirían a la policía al arresto de una banda de ladrones y a su viejo empleo como jefe de la sûreté.

    En esta época tumultuosa la inseguridad se había disparado en París, en sólo cinco años la policía había empezado a cobrar “cuotas” a los delincuentes y el rol de la sûreté convertido en la oficina de asuntos sin importancia. Vidocq regresaría para encabezar la Sûrete National una vez más, varios de sus agentes habían sido relevados de su cargo, el departamento era más grande y había más política y más burocracia que antes.

    A los pocos meses Vidocq y los agentes de la Sûrete frustraron un intento de asesinato en contra del rey, se pensaría que esto sería suficiente para entronar a Vidocq en el cargo, pero ocurrió lo exactamente opuesto y aparecieron sospechas sobre la participación de Vidocq y sus hombres en el complot. Si bien nada vinculaba a Vidocq tarde o temprano las quejas eran más frecuentes. ¿Cómo confiar en hombres con pasados turbios como los hombres de Vidocq?

    Finalmente Eugène François Vidocq renunció por segunda y última ocasión a la jefatura de la Sûreté National en Noviembre de 1832, argumentó que su presencia era requerida en Saint-Mandé dónde su esposa convalecía de una enfermedad. Su sucesor Pierre Allard despidió a todas las personas que habían trabajado con Vidocq el mismo día que fue nombrado en el cargo y estableció políticas más estrictas de contratación de agentes entre las cuales destacaba no tener NINGÚN antecedente delincuencial por mínimo que fuera.

    Vidocq regresó a Saint-Mandé por algunos meses a cuidar a su esposa, quien murió poco después. Vidocq se volvió a casar y se estableció en París, ahí fundó “Le bureau des renseignements” u Oficina de información, la primera agencia de detectives de la historia (1833) precediendo a la Pinkerton detective agency fundada en EUA por Allan Pinkerton (1850).


    Vidocq se convirtió en el personaje central de novelas, cuentos, mini-dramas para la televisión y películas, aunque cabe soslayar que nunca se ha recuperado la riqueza total de su historia de vida.

    Entierra una esposa, abre un negocio.
    Le bureau des renseignements aceptaba cualquier caso, sin importar cuán insignificante fuera, desde espionaje de infidelidad hasta investigaciones sobre robos, fraudes y demás. Los métodos de Vidocq eran, sin embargo, cuestionables, no tenía ningún reparo en hacer uso de la fuerza, lo cual lo tenía constantemente en pugna con la policía, ni en otorgar su propia versión de justicia, a menudo liberando o negándose a arrestar a quien, según él, tenía motivos “legítimos” para delinquir.

    En 1837 la policía ejecutó una orden de aprehensión y cateo en sus oficinas que resultó en 12 detenidos, incluido Vidocq y más de 3000 documentos y expedientes incautados. La investigación de la policía condujo a juicio por los cargos de enriquecimiento ilícito, cohecho y asumir funciones públicas. El asunto se discutió tras bambalinas por casi un año, durante este tiempo Vidocq estuvo detenido en los separos de los juzgados y en prisión. Finalmente en Febrero de 1838 el juez desestimó los cargos y puso a Vidocq en libertad.

    Casi al mismo tiempo Honoré de Balzac publicaba cuentos, novelas y obras de teatro con personajes moldeados a partir de su amigo Eugène François Vidocq, lo que sólo le generó más interés en el hombre y en Le bureau des renseignements. Mientras Vidocq construía su fortuna por enésima vez y su agencia de detectives ganaba prestigio, Vidocq, el hombre, ganaba más y más poderosos enemigos.

    En 1842 el prefecto de policía realizaba una redada en las oficinas de Vidocq, sólo unos meses antes Vidocq y su agencia de detectives habían hecho patente la corrupción e ineptitud de la policía de París, esto era venganza. En esta ocasión los cargos eran por fraude, al parecer Vidocq había recuperado el dinero de un cliente que había sido defraudado pero no se lo devolvió. Los cargos eran circunstanciales, quizá incluso fabricados, pero el mismísimo prefecto de policía quería ver a Vidocq en prisión.

    Una vez más Vidocq, de 67 años, fue puesto bajo custodia en los juzgados, pasaría casi un año ahí. En Mayo de 1843 iniciaron las primeras audiencias. Después de varias semanas el veredicto lo señalaba culpable de fraude y se le sentenció a cinco años de prisión y 3000 francos de multa. Vidocq apeló la decisión y paso los siguientes dos meses entrando y saliendo de la magistratura estatal. Al final Vidocq fue puesto en libertad mediante una serie de acuerdos oscuros a puerta cerrada.

    Su reputación sufrió casi tanto como sus finanzas, su agencia de detectives ya no era rentable y Vidocq buscó alguien a quien vendérsela, sin embargo no tuvo éxito en esta empresa y finalmente decidió cerrar. Durante los siguientes cuatro años publicaría una serie de libros prácticos sobre la administración de prisiones, métodos policiales y la pena de muerte, probaría que sus ideas estaban muy adelantadas a su época y constituirían su más grande legado.

    En septiembre de 1847 su tercera esposa murió, después de 17 años de matrimonio. Nunca se volvió a casar, pero nunca dejo de disfrutar de la visita ocasional de una u otra chica de la noche. Un año más tarde, aprovechando su nueva celebridad por sus libros en política criminal se presentó a los comicios después de haberse gestado la revolución de 1848, tenía 71 años y mala fama, así que perdió de forma humillante ante Louis Napoleón-Bonaparte (sobrino de Napoleón).

    Un año más tarde fue acusado y detenido por fraude en un negocio ni blanco ni negro, sino más bien gris, paso unas semanas detenido hasta que se desecharon los cargos, era momento de retirarse de la vida pública.

    Los años tranquilos, aunque no tanto…
    Pasó sus últimos años con achaques propios de la edad y de una vida llena de aventuras, padecía dolores en el brazo y la espalda pero era, aún, un tipo duro. En 1854 a los 79 años de edad sobrevivió a un brote de cólera aún en contra de los pronósticos de sus médicos.

    Eugène François Vidocq murió a los 82 años el 11 de Mayo de 1857, su cuerpo fue llevado a la iglesia de Saint-Denys du Saint-Sacrement para un servicio funerario donde se codearon figuras públicas, policías y delincuentes por igual. El lugar donde fue enterrado, sin embargo, no se conoce. La venta de sus bienes resultó en 2,907 francos, pero como François Vidocq no tenía hijos o viuda el dinero pasó a Heloïse Lefevre, dueña de la casa donde vivió sus últimos años.

    Un año más tarde apareció Emile.Adolphe Vidocq quien se ostentaba como hijo natural de Marie Louise Chevalier, su primera esposa, pero su reclamo quedo inconcluso al demostrarse que durante su concepción François Vidocq estaba en prisión.

    Requiem.
    Eugène François Vidocq fue un hombre que vivió más vidas de las que podía contar, su increíble historia inspiró a Victor Hugo a escribir el personaje de Jean Valjean y Javert en los miserables (1862), en la obra Vautrim (1840) de Honoré de Balzac, en el personaje de Auguste Dupin de Edgar Alan Poe (la primera novela policíaca de la historia) y más tarde en las novelas detectivescas de Agatha Christie y Arthur Connan Doyle. Inspiró al prefecto de policía Givet a escribir un libro exponiendo sus tácticas y métodos inortodoxos y “criminales” que a la postre se convertiría en testimonio de su genio policíaco y lo demás...es historia...


    Imagotipo de la sociedad Vidocq

    La Sociedad Vidocq.
    En 1990 Frank Bender, forense y escultor fundó la Sociedad Vidocq en Filadelfia, sus miembros son expertos forenses, psicólogos, científicos criminales, agentes y exagentes del FBI e investigadores de distintas corporaciones de distintas partes del mundo. Se dedican a resolver casos “archivados” (cold cases) de distintas partes del mundo bajo el lema veritas veritatum (la verdad genera verdad). La membresía es limitada al número de años de vida de Vidocq (82).

    Notas para entender la historia
    ¹ Ostende, pequeño poblado en Bélgica al oeste de Flaunders, con acceso al mar, era una ruta común para viajar a América.

    ² Según Eugène François Vidocq narrado así en sus memorias. El libro a menudo ha sido objeto de cierto debate debido al estilo en el que fue escrito, se cree que la autobiografía de François Vidocq fue coescrita por un escritor profesional a partir de las verdaderas memorias de Vidocq sólo que el misterioso coautor usó bastante licencia poética para escribir el libro e hipérbola.

    ³ La práctica de secuestrar hombres jóvenes y obligarlos a trabajar en un barco se conoció como “shangaiing”, ya que un buen número de rutas comerciales terminaban en China. Un barco rápido, tipo “clipper” requería de una enorme tripulación para operar, más de la mitad de su tripulación eran víctimas de “shangaiing”, lo que los hacía, bueno, descartables.

    * Traducción libre del autor (Kuno) del libro Memoirs de Vidocq, Chef de la pólice de sureté, p. 190, Dijon 2011.

    ** Un comentario que seguramente contradice lo aprendido en la escuela de derecho y/o criminología, sin embargo cierto. Las técnicas de Vidocq fueron usadas como base para los sistemas criminológicos en Francia, Inglaterra, Estados unidos, Rusia y prácticamente toda Europa, su teoría no se centró en personalidades prototípicas como en las teorías de Lombroso y Ferri, ni fue una armonización a partir del sujeto como en Garofalo, fue una lógica-práctica de identificación y prevención del delito que abarcó un espectro tan amplio como la estadística, la participación ciudadana y los sistemas de “reinserción”. Por desgracia, el legado de Vidocq en la Criminología sufre ante las menciones de su vida en la literatura (Balzac, Victor Hugo, Poe, etc.) y su estilo precario, menos que científico de describir métodos, basta con leer sus memorias, sin embargo, sus ideas en temas como la pena capital y prevención del delito siguen siendo vigentes.

    *** Traducción libre del autor (Kuno) “…por dieciocho años he servido a la policía con distinción. Nunca he recibido crítica de sus predecesores. Debo, por lo tanto, pensar que nunca me lo he ganado. Desde su nombramiento a la segunda división, esta es la segunda ocasión en que ha tenido el honor de dirigirse a mí para quejarse de mis agentes. ¿Soy acaso el guardián de su tiempo fuera de la oficina? No, para ahorrarle la molestia de enviarme quejas similares en el futuro, y a mí el inconveniente de recibirlas, tenga el honor de aceptar mi renuncia…”.

    **** Louis Phillipe I quien gobernó entre 1831 y 1848, el término “rey de los franceses” (más tarde rey de los ciudadanos) fue acuñado por él mismo a partir de su política conciliadora que pretendía fungir como un puente entre la aristocracia y el pueblo, quien lo empujó al trono, se hizo llamar así contrario a la tradición “el rey de Francia”.

    Bibliografía sugerida… The Life of Monsieur Vidocq, Vidocq Convict Turne Detective Magnifique, La increible historia de Eugene, Forensics Vidocq, Francois Vidocq

    Autor: Kuno
    Comentarios 3 Comentarios
    1. Avatar de mikesinaloa
      mikesinaloa -
      Muy buen aporte.
    1. Avatar de JOHN MOSES BROWNING
      Tienes que pensar como asesino para capturar a un asesino, tienes que pensar como ladrón para capturar a un ladrón, tienes que ser y pensar como la presa que quieras atrapar, una vez entendido esto, serás el mejor detective
    1. Avatar de Jorgechz
      Jorgechz -
      Extraordinaria información, yo tengo la película que protagonista el actor frances Gerard Depardeu, muy pero muy buenas película efectivamente ambientada en el siglo XIX en Francia, se las recomiendo, así sencillo el nombre VIDOCQ