La madrugada del 17 de septiembre de 1998 un comando armando asesinó a 19 personas pertenecientes a tres familias en un rancho ubicado en El Sauzal de Rodríguez

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El evento

Los hechos, de acuerdo a testimoniales, iniciaron alrededor de las tres y media de la mañana del 17 de septiembre de 1998, en la Colonia Vista al Mar, en la delegación de El Sauzal de Rodríguez, municipio de Ensenada, en el predio conocido como “El Rodeo”, propiedad de las familias Castro, Tovar y Altamirano.

En este lugar hay tres casas, intercomunicadas entre sí, porque en ellas habitaban tíos y primos por igual; uno de ellos Fermín Castro Rodríguez, maestro rural que había cambiado el gis y el pizarrón por la ganadería y los rodeos, los que usaba para encubrir otra actividad: El narcotráfico.

Miles de hojas y decenas de testimoniales de una investigación que aun no concluye, revelan el antecedente de esta matanza, donde complicidades, indiferencia, rencores, envidias, impunidad y la crueldad en su expresión más cruda detonan el acto.


Los testimonios

Alrededor de las tres de la madrugada, -no hay una hora exacta en todas las declaraciones-, un comando armado arribó al lugar. Una de las unidades era una panel de color blanco que se estacionó en las caballerizas ubicadas en la parte posterior de la casa de Francisco Flores Altamirano, la que se identifica como “El Rodeo”.

Los sicarios bajaron y se distribuyeron entre las viviendas, en la casa de Francisco Flores Altamirano, donde tocaron con fuerza la puerta y la abuela sin saber se acercó a abrir.

Desde la entrada empezaron a disparar los primeros balazos, en ese sitio acribillaron a Mario Alberto, un niño de 12 años al que dieron por muerto, y se convirtió así en uno de los dos sobrevivientes y testigo.

Luego dispararon contra las rejas de la puerta, la cual tenía pocas semanas que se cerraba con llave; de este sitio sacaron a todos al patio, junto a una barda que comunica con el patio de un vecino. A todos los obligaron a acostarse boca abajo.

Otra parte del comando se movió a la casa de Esperanza Tovar, ubicada al centro del terreno, una vivienda humilde de color verde azul; ahí quebraron vidrios para ingresar sacando a dos familias: La de Esperanza y una más, la de Macaria y Gerardo, quienes estaban en espera de su primer hijo en el octavo mes de gestación.

También los obligaron a caminar al patio vecino, donde los colocaron con sus primos boca abajo en el piso frío en medio de la madrugada.

Otro grupo de matones se fue a la siguiente casa, la de Fermín Castro, presunto objetivo de estos sucesos, a quien le dispararon dentro de su vivienda en el segundo piso.

Su mujer, Guadalupe, no estaba durmiendo con él, apenas había vuelto tras un problema de pareja y estaba en una recámara en el primer piso con su bebé Fermín de dos años, enfermo y con temperatura.

Le pidió a los sujetos que le dejaran llevar una cobija para poder sacar a su bebé. No se lo permitieron, y la hicieron que fuera también al patio para que se colocara boca abajo con su pequeño.

Viviana, su hija mayor, logró esconderse, estaba embarazada de seis meses pero asegura en los testimoniales haberse ocultado y salvar la vida.

Mientras tanto, abajo en el patio los asesinos preguntaban por alguien o por algo, se escuchaban algunos nombres: Armando, Chaparro, Chapo.


El multihomicidio

Con las familias en el suelo, asustadas por las armas en sus cabezas y en medio de la oscuridad, uno de los sicarios preguntó qué harían ahora con ellos: La respuesta de otro sujeto, que luego fue identificado como Lino Quintana o el Güero Quintana fue simple. “Lo único que pueden hacer, plebes, es matarlos a todos”.

Con eso se cobraba venganza, matar a hombres, mujeres y niños cuya única culpa era ser familiares del hombre que presuntamente le robó droga.

Luego, sin piedad alguna, los sicarios dispararon sobre los cuerpos, tendidos boca abajo, en pijama, descalzos, sacados de la cama a mitad de la noche y tras las ráfagas, un tiro de gracia en la cabeza para asegurar su muerte, “porque ya los habían visto”.

Lo de menos fue que hubiera en el grupo ocho niños y una joven embarazada, ni que dos de esas criaturas fueran de brazos y que no entendieron lo que pasaba.


Los sobrevivientes

Sin embargo, hubo dos testimoniales de sobrevivientes, de Mario Alberto Flores Castro, en aquel entonces de 12 años, y de Viviana Castro Tovar, una adolescente embarazada de 16 años, cuyos datos arrojan una tenue luz sobre lo ocurrido esa madrugada.

Uno de estos datos es que en el proceso participaron ocho sicarios.

Tras la balacera, sobrevivieron Guadalupe Tovar, esposa de Fermín y el mismo Fermín Castro; no obstante, unas cuantas horas después ella falleció debido a las graves heridas; pero él (Fermín) permaneció en coma profundo hasta el 2 de octubre, cuando finalmente murió sin haber recuperado nunca la conciencia, pues le habían disparado en la cabeza.